Desempleo y economía por Matt Koehl

Hitler llegó al poder en 1933. Inmediatamente se dispuso a cambiar las cosas. Su primer reto fue el desempleo, así como el de restablecer la agricultura en ruinas de Alemania.

El problema se agrava por el hecho de que la economía alemana estaba en quiebra. No tenía reservas de oro. No tenía ningún crédito externo. Al mismo tiempo, estaba sufriendo bajo el peso de los pagos de reparaciones de trituración. Parecía situación imposible.

Pero eso no impidió a Hitler.

Está bien“, dijo. “No tenemos oro. Pero tenemos trabajadores dispuestos a trabajar. Ellos serán nuestro oro.

A continuación, se le ocurrió una solución muy sencilla para arreglarlo todo. Se puso en marcha un programa de obras públicas: el control de inundaciones, la reparación de edificios públicos y residencias privadas, la construcción de carreteras, puentes, canales, instalaciones portuarias, pero sobre todo la famosa autopista —el primer sistema de autopistas, la más extensa en el mundo. De este modo, fue capaz de poner a millones de vuelta al trabajo.

¿Cómo pagó por todo? El tesoro estaba en la ruina. Los banqueros extranjeros no le darían ningún crédito.

Lo que hizo fue simplemente salir de los bancos internacionales y crear su propio sistema bancario, basado en no en el ‘patrón oro’ o algún otro metal innecesario en la productividad del propio trabajador alemán: Se presentó el Patrón Trabajo.

Así es como funcionaba. El costo proyectado de los diversos programas de obras públicas se fijó en $ 1 mil millones de marcos. A continuación, se emitió un número exacto de facturas no inflacionarias de intercambio denominado Certificados de la Tesorería de mano de obra, contra ese costo.

Los trabajadores fueron entonces pagados; y con su nuevo poder adquisitivo, comenzaron a gastar sus ingresos en tiendas y empresas en todo el país, que a su vez permitió a éstos crear más puestos de trabajo y contratar a más personas.

Con esto como estímulo, la economía alemana poco a poco fue creciendo. Al cabo de dos años, el problema central de desempleo pasó al olvido, y el país estaba de nuevo en pie. Y todo esto con una moneda estable y sólida, sin ninguna deuda o la inflación.

Mientras tanto, en comparación, las economías de Estados Unidos, Inglaterra y los otros países occidentales se mantuvieron estancados, con millones de personas de trabajo y de estar en el paro. No es hasta que estos países comenzaron a poner encima de sus industrias de guerra que fueron capaces de resolver su problema de desempleo.

Al mismo tiempo que Hitler no sólo estaba reactivando la economía de Alemania y poniendo a millones de vuelta al trabajo, sino que también fue capaz de restablecer el comercio exterior lisiado de su país. Negó el crédito externo y se enfrentó con un boicot económico en Inglaterra y América, Hitler subió con un muy simple pero ingenioso dispositivo: el sistema de trueque, en el que el equipo y las materias primas se intercambian directamente con el exterior, eludiendo los bancos internacionales.

Por ejemplo, si Alemania había fabricado las mercancías que Argentina quería, y Argentina tenido granos o carne que Alemania quería, que los dos países simplemente elaborar un contrato y swap- sin tener que recurrir a un intermediario internacional. Fue cortado de la oferta por completo. Una vez más, este sistema de intercambio directo se produjo sin deuda o déficit comercial, algo que molestó a algunas personas.

En una palabra, lo que Hitler hizo fue romper el sistema capitalista de finanzas predominante de la deuda y la usura, la cual, como sabemos ahora, era una causa primaria de la Segunda Guerra Mundial.

Al hacer una distinción moral entre el capital productivo y el capital especulativo, Hitler se dispuso en un curso de colisión con los intereses financieros internacionales, cuyas buey que había corneado y cuya existencia misma como parásitos ahora estaba amenazado por el éxito del modelo Nacionalsocialista. Estaban dispuestos a hacer cualquier cosa, de hecho, arrastrar al mundo entero en la guerra para mantener su existencia parasitaria y no permitir que otros países sigan el ejemplo Nacionalsocialista.

Esto, entonces, era el milagro económico de los programas sociales de Hitler.

—Matt Koehl

 

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